Un profe que tuve de escritura de guiones, Miguel Ángel González “el cuentista”, un chico joven con el que conservo muy buena relación, acababa de publicar una novela con ese nombre: CARIÑO. Nos invitó a la presentación y por compromiso y curiosidad, se la compré. La leí. No me imaginaba que el título alude a un lugar, concretamente en Galicia, donde se desarrolla la acción de la novela que no tiene gran valor literario aunque está bien escrita, pero a mí me abrió el apetito de conocer este sitio.
Unos dos años después, autoedité mi APOLO 11 Y OTROS CASI CUENTOS. Poco después se celebraba un congreso estatal de aficionados a la astronomía en A Coruña y pensé que sería una buena ocasión de dar a conocer mi modesto librito (que hoy sigo encontrando muy digno). De modo que me hice un plan perfecto para estar unos días en Cariño disfrutando de la playa y después otros días en la capital a la que hace muchísimos años que no voy y que tiene bastante interés por su arquitectura.
Año 2020: La pandemia frustró estos planes y hasta hoy.
De repente la idea de repetir aquel viaje de distinta forma, con parada en Olmedo y León, se fraguó muy rápido este mes de julio y aquí estoy.
Es un pueblecito costero pequeño y coqueto, con un puerto natural y una playa muy pequeña. La gracia es que en este término municipal, el océano Atlántico abraza al mar Cantábrico en la preciosa ría de Ortigueira que mañana conoceré en barquito, D.m. Otro atractivo es el cabo Ortigal pero no me atreví a subir hasta arriba porque soy una cagada conduciendo. Como en la novela se pasaban todo el tiempo subiendo del pueblo al cabo y bajando del cabo al pueblo en autobús, yo pensé que en la vida real era así pero no. No hay bus. Aún así, llegué hasta donde me atreví y saqué esta foto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario