sábado, 26 de febrero de 2011

Principios filosóficos

Hobbes ya enunció en el siglo XVII que el ciudadano cede a los poderes públicos una parcela de su libertad, a cambio de que estos garanticen su seguridad.
Según este concepto, el Estado está obligado a garantizar a sus administrados protección frente a los riesgos de fenómenos incontrolables tales como las inundaciones, los terremotos, los deslizamientos de terrenos por fallas... Aunque estos hechos de origen natural no siempre son previsibles, sí que existen formas de disminuir el riesgo de daños a las personas y a las cosas. Un buen ejemplo de ello lo tenemos comparando Japón con las no lejanas en el tiempo catástrofes de Haití y Chile. Mientras que en el primer caso (Japón), tanto edificios como personas están preparados para resistir una sacudida sísmica y las viven con naturalidad, en Haití y Chile el desastre y el caos fue total, como resultado de una nula previsión, tanto de los técnicos como de la población en general. En todos los casos el origen es el mismo (terremoto o sismo) y los resultados bien distintos. Ello obedece, sin duda, a políticas o culturas diferentes.

Analizaremos poco a poco los distintos casos que existen y, como no hay verdades absolutas, cada cual podrá aportar su punto de vista si lo desea, que siempre será leído.